Por: Cecilia Romero Castillo

La Ciudad de México ya tiene Constitución. Este hecho marca el fin de un largo trayecto recorrido por partidos y organizaciones ciudadanas que durante mucho tiempo luchamos porque se reconocieran plenamente nuestros derechos. La mayoría de los lectores seguramente nunca vivió la época en que los capitalinos no podíamos elegir a nuestros jefes delegacionales o al jefe de Gobierno. En el Distrito Federal no teníamos diputados locales, en la Cámara de Diputados existía una Comisión del Distrito Federal que dictaminaba las iniciativas que tenían que ver con la capital de la República.

Lo anterior es solamente muestra de las cuestiones políticas en que no teníamos posibilidad de decidir, pero lo mismo sucedía en presupuesto, en educación, en seguridad, en procuración de justicia.

En 1987, se creó la Asamblea de Representantes, antecedente de la Asamblea Legislativa actual. Esta Asamblea no tenía capacidad de iniciativa, su trabajo se reducía a labores de gestoría. Posteriormente, pudo emitir Bandos de Policía y Buen Gobierno, y actualmente ya presenta y dictamina iniciativas, aunque los temas presupuestales siguen reservados a la Cámara de Diputados.

Como parte del Pacto por México, signado por los principales partidos políticos al inicio de esta administración, se incorporó el tema de la Reforma Política del Distrito Federal, pero no se abordó sino hasta 2014, aunque la iniciativa de reforma constitucional que le daría sustento no alcanzó la aprobación del Congreso. Fue hasta abril de 2015 que el artículo 122 de la Constitución fue reformado para marcar los ejes rectores de la Constitución de la Ciudad de México (CDMX) y definir la conformación de una Asamblea Constituyente que elaborara la primera Constitución de la CDMX, con base en el proyecto que le presentara el Jefe de Gobierno.

Esta reforma fue muy cuestionada, tanto por la manera de integrar la Asamblea Constituyente como por la facultad exclusiva del Jefe de Gobierno para presentar el Proyecto de Constitución, y las disposiciones que limitaban desde la Constitución General la actuación de las autoridades locales.

La conformación de esta Reforma Política del Distrito Federal atendió a factores muy diversos: el predominio del PRD en la CDMX por veinte años (desde que Cuauhtémoc Cárdenas ganara la Jefatura de Gobierno en 1997); el crecimiento exponencial de Morena desde su nacimiento; la debilidad del PAN y del PRI en la capital de la República; el hecho de que el Distrito Federal sea la sede de los poderes federales; las presiones desde todas las trincheras para que se definiera este compromiso del Pacto por México; las negociaciones de todas las fuerzas políticas y la composición del Congreso de la Unión. Lo que se obtuvo fue el resultado de todo esto, algo que difícilmente satisfizo a alguno, pero que logró que todos quedáramos considerados en la conformación final.

El Proyecto de Constitución que nos presentó el Jefe de Gobierno el 15 de septiembre fue elaborado por un grupo de ‘notables’, en el que se incluyó todo tipo de propuestas, la mayoría de carácter populista, mal articuladas, muchas de ellas contrarias a la Constitución General de la República, y sobre todo, ideologizadas –a la izquierda por supuesto– y representativas del pensamiento del grupo en el poder en esta ciudad desde hace veinte años.

Prácticamente todas las plumas editoriales en la ciudad –y en el país– respondieron negativamente a este Proyecto. Los diputados constituyentes del PAN, quince en total –7 electos en la elección del 5 de junio y 8 designados por el Congreso de la Unión– compartimos esta reacción y organizamos nuestro trabajo con dos objetivos fundamentales: eliminar del proyecto los aspectos más negativos e incorporar puntos relevantes de nuestra plataforma al dictamen final.

Nuestro esfuerzo fue arduo, ya que representamos solamente el 15 por ciento de la Asamblea Constituyente, pero la capacidad de diálogo y negociación que tuvimos en este tiempo es digna de encomio, principalmente por parte de nuestro coordinador Santiago Creel. El trabajo en Comisiones representó un verdadero reto para todos, cada uno tuvimos la posibilidad de participar en dos Comisiones de las ocho en que se dividió el trabajo, aunque muchos participamos con voz en alguna otra donde se requería de nuestro apoyo.

El trabajo político que desplegamos incluyó pláticas con diputados de todos los grupos parlamentarios y la colaboración con organizaciones de la sociedad civil que participaron con una gran cantidad de propuestas. Largas discusiones y fuertes debates durante incontables horas de trabajo para conformar los dictámenes modularon los aspectos más nefastos del proyecto y las discusiones en el Pleno -artículo por artículo, aprobado por las dos terceras partes de los presentes– dieron por resultado la Constitución de la Ciudad de México.

El resultado que obtuvimos dista mucho de ser ejemplar, la Constitución sigue siendo cuestionada. Necesitaremos analizar a profundidad los avances y los retrocesos, y sobre todo los retos. Lo iremos haciendo en futuras entregas.

Fuente: La Nación

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